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94 min Racquel Darrian Mejor Culo En El Planeta

Daniel entró a la sala, atraído por los descompasados gritos de Don Cándido, y comprendiendo, poco más o menos, lo que estaba pasando, preguntó con una cara muy seria: -¿Qué víctima se inmola en sacrificio? -Viene de espía, Daniel, viene de espía -dijo Don Cándido señalando a Doña Marcelina. -¡Delira con las sombras de su crimen! -exclamó aquélla sonriendo, saludando con la mano a Daniel, y saliendo de la sala; mientras su Pílades se esforzaba en persuadir a Daniel que aquélla era una mujer espía de Gaete. -Trataremos de eso, amigo mío, pero por ahora no vuelva usted a gritar tan descompasadamente, a lo menos por un cuarto de hora. Y el joven volvió a las habitaciones interiores. -No es nada; era una escena entre dos personajes, los más originales que he visto en mi vida, y que en otra circunstancia me harían gozar mucho -dijo Daniel al volver a su alcoba, y dirigiéndose al doctor Alcorta y a Eduardo, que estaban allí hacía largo tiempo. Daniel, al separarse de Doña Marcelina la primera vez, era a ellos a quienes había venido a buscar en su dormitorio, con la carta que había conducido Mr. Douglas, el contrabandista de unitarios, como se sabe ya. Al entrar la primera vez, Daniel se había dirigido al doctor Alcorta, diciéndole: -He aquí lo que acabo de recibir por Montevideo. El doctor Alcorta tomó el papel y leyó: París, 11 de julio de 1840. El vicealmirante Mackau ha sido nombrado para mandar la expedición del Río de la Plata, en lugar del vicealmirante Baudin. Partirá inmediatamente.

45 min Dime Por Favor Quien Mierda

98 min Dime Por Favor Quien Mierda Aquí donde me ves, a mí no me gusta deber un céntimo, ni que en las tiendas nos tengan por tramposos: quiero salir a la calle con la frente muy alta. Entre dejar de pagar al pobre, y darle una broma al rico, no puede uno dudar. porque aquello fue una broma, Ángel, y contábamos con que tú no te enfadarías. Las riquezas están mal repartidas; tú lo has dicho mil veces. Por ley de equidad, algo de lo que a ti te sobraba debía venir a nosotros, que no habíamos encendido lumbre en dos días, y yo llegué a sustentarme de una triste patata, que asamos quemando papeles en la hornilla. ¡Ay, chico! mientras no sepas lo que es el hambre, no hables una palabra de moral. ¿Qué tiene de extraño que quisiéramos vivir, y apeláramos a un recurso del ingenio, a un arte, a una industria? ¿Para qué ha dado Dios al hombre las habilidades? ¿Eres tú acaso más pobre que antes por aquella bicoca que te sacamos, y con la cual salimos de penas? ¿Qué razón hay para que nosotros nos muramos, y vivas tú y otros que no trabajan ni tienen ninguna habilidad? Fíjate bien, piensa un poco». Por fin, para sacudirse aquella mosca, Guerra no tenía más remedio que darle algo.

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63 min Libre Desnudo Tetas Grandes Galería De Fotos

Bdrip Libre Desnudo Tetas Grandes Galería De Fotos Silencioso, Valerio transpuso el umbral, dirigiéndose a un rincón, donde en cuclillas se calzó de un brillante par de lloronas de plata. Después rodeamos el fogón y el mate comenzó a hacer sus visitas. Cada cual vivía para sí y mi alegría de pronto se hizo grave, contenida. Un extraño nos hubiese creído apesadumbrados por una desgracia. No pudiendo hablar, observé. Todos me parecían más grandes, más robustos y en sus ojos se adivinaban los caminos del mañana. De peones de estancia habían pasado a ser hombres de pampa. Tenían alma de reseros, que es tener alma de horizonte. Sus ropas no eran las del día anterior; más rústica, más práctica, cada prenda de sus indumentarias decía los movimientos venideros. Me dominó la rudeza de aquellos tipos callados y, no sé si por timidez o por respeto, dejé caer la barbilla sobre el pecho, encerrando así mi emoción. Afuera los caballos relinchaban. Don Segundo se puso en pie, salió un momento, volvió con un par de riendas tiocas y fuertes. -Traime un poco de sebo, muchacho.

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61 min Pix Desnuda De Dolor De Cabeza Kari

100 min Pix Desnuda De Dolor De Cabeza Kari -Si se produce cualquier incidente -le dijo a Dick-, despiértame y, sobre todo, no pierdas de vista el barómetro. El barómetro es nuestra brújula. La noche fue fría; llegó a haber 270 de diferencia con la temperatura del día. Con las tinieblas había empezado el concierto nocturno de los animales, a quienes la sed y el hambre obligaban a abandonar sus guaridas. Se oyó la voz de soprano de las ranas, acompañada de los aullidos de los chacales, mientras que los imponentes graves de los leones sostenían los acordes de aquella orquesta viviente. Por la mañana, al volver a su puesto, el doctor Fergusson consultó la brújula, y observó que durante la noche había variado la dirección del viento. Hacía cosa de dos horas que el Victoria derivaba unas treinta millas hacia el noreste. Pasaba por encima de Mabunguru, país pedregoso, sembrado de bloques de sienita bellamente pulida y de gibosos montículos; masas cónicas, análogas a los peñascos de Karnak, erizaban el terreno cual dólmenes druídicos; numerosas osamentas de búfalos y elefantes salpicaban el suelo de blanco, y, exceptuando la parte del este, en que se levantaban profundos bosques bajo los cuales se ocultaban algunas aldeas, había pocos árboles. Hacia las siete, una roca esférica, que tendría dos millas de extensión, apareció como inmensa concha de galápago. -Vamos bien encaminados -dijo el doctor Fergusson-. Allí está Jihoue-la-Mkoa, donde nos detendremos un rato. Quiero renovar la provisión de agua necesaria para alimentar el soplete. Busquemos un sitio donde agarrarnos.

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96 min Placer P Letras A Te Equivocaste

26 min Placer P Letras A Te Equivocaste No obstante, señora, en lo delicado de vuestra moral deberíais comprender que la mujer que a todos inspira amor, y que no lo siente por ninguno, es un ser excepcional y un tipo poco bello. -No he dicho que no sería feliz por no serme posible amaros, sir George; lo he dicho porque tengo la convicción de que unida a vos no podría ser sino idealmente feliz o profundamente desgraciada. -¿Y por qué desgraciada, Clemencia? Por mí comprendo tan poco la desgracia a vuestro lado, como la oscuridad brillando el sol en el cielo. Clemencia, la felicidad del amor es tan efímera que no debemos perder en metafísicos debates un solo día de los que nos brinda. -¿Y vos creéis que la felicidad del amor es efímera? ¿Pensáis pues que el amor se acaba? -Clemencia -contestó sir George con jovial sinceridad-, sólo un estudiante acabado de salir del colegio os sostendría lo contrario. El amor, que es lo más transitorio de la vida, es cabalmente lo que más pretensiones tiene a la inmortalidad; los amantes vulgares son los que tienen la romancesca candidez de jurarse ese eterno amor, esa utopía, ese mito, ese fénix, esa creación fantástica. -Si el amor es tan efímero, si es un castillo de naipes que el primer soplo del tiempo derriba, cuando ya no me améis, ¿qué será de esa felicidad que fundáis en amarme? -Cuando ya no os ame -respondió sir George en tono ligero-, vous m'amuserez, me entretendréis con esa gracia, ese talento, esa originalidad, ese chiste, esa alegría que os son exclusivamente propias, y que os dan el encantador privilegio de interesarme, sorprenderme, entretenerme, y alegrarme. -¿No entráis en cuenta mis virtudes, si es que creéis que algunas tengo? -Virtudes.

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67 min Mamá Sexy Seduce A Su Hija Sexy

WEBRIP Mamá Sexy Seduce A Su Hija Sexy Tú no has oído campanas, y aplicas mal y por mal cabo a los acontecimientos actuales tus confusas reminiscencias. Déjalas dormir en el endiablado revoltijo de tu memoria y no me batanees con tus necedades. Si a dicha tiene aún el circasiano la cabeza sobre los hombros, nada habrá perdido por haber esperado. Salió don Quijote en demanda de Gradaso, cuando ya no había más Gradaso que don Alejo de Mayorga, quien se andaba por ahí hirviendo entre los suyos. -Caballeros -preguntó-, ¿sabréis decirme en dónde para aquel soberbio rey del Asia con quien me combatí ahora ha poco? -El señor Gradaso barruntó, sin duda, las nuevas intenciones de vuesa merced -respondió el conde de Mayorga-, y se ha puesto en cobro a pesar de sus heridas. Una de a jeme en el pecho, señor; otra en la cabeza, abierta por la comisura, desde la orilla de la frente hasta el occipucio, pasando por el sincipucio. Otra en la garganta, por donde podía entrar y salir un cocodrilo. -¿Hacia dónde y cómo huyó el moro? -volvió a preguntar don Quijote. -Hacia el Oriente, señor, en una jirafa que hendía el aire como un sacre. Creo yo que la fuga la tomó por su cuenta una sabidora llamada Zirfea, quien se lo llevó a curarle las heridas en los montes de la luna. -Esta es la costumbre de los encantadores que me persiguen -dijo don Quijote-: hurtarme el enemigo a quien tengo a punto de muerte, Pero ya veremos si el señor Gradaso muere o no a mis manos, con jirafa y todo.

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